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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Consulta vidente En Sevilla

  (Historia de Sevilla)   Sevilla consulta tarot telefonico

Sevilla, a orillas del Guadalquivir se levanta esta hermosa ciudad, cuyos orígenes la sumergen en lo desconocido. Quizás tres mil años atrás nos situarían en el nacimiento de esta vieja urbe.

Desde tartessos hasta nuestros días Sevilla ha sido romana, visigoda, musulmana y cristiana, así como un importante punto de confluencia de rutas marítimas y terrestres.

Denominada Hispalis por los romanos e Isbiliya por los musulmanes, presenta hermosos testimonios de ambas culturas.

Con el descubrimiento del Nuevo Mundo Sevilla se convierte en el puerto de salida y llegada de las naves que se aventuraban a la exploración y colonización de estas nuevas tierras, alcanzando con ello una importante economía mercantil

                              
En la actualidad es una bella ciudad al sur de la Península Ibérica, distinguida por su privilegiado clima, el carácter acogedor de sus gentes, sus reconocidas Semana Santa y Feria, y por ser el santuario de la tauromaquia

Orígenes Tartessos:

Confundiendo Mitología e Historia el origen de Sevilla se remonta al pueblo Tartesso cuyo nombre proviene del que recibía entonces el río Guadalquivir (Tarssis).
Esta tesis es apoyada por los hallazgos arqueológicos que datarían del siglo VIII a.c. Un exponente de estos hallazgos es el fabuloso tesoro denominado de "El Carambolo" que contiene piezas de oro macizo, este elemento podría ser parte de una coraza.
Incluso en la Biblia, se hace mención a este enclave, cuando el Rey Salomón mandaba sus naves en busca del oro de Tarssis para la construcción de su templo.
Por todo esto, se piensa que su esplendor era conocido a lo largo de todo el Mediterráneo, ya que incluso naves griegas y fenicias vendrían también en busca de sus metales.
Nada se conoce sobre la causa de la desaparición de este Pueblo, tras los que llegaron diferentes culturas: turdetana, ibérica y púnica.

Época Romana:

Otra etapa esplendorosa fue la romana. Tras vencer a los cartagineses que dominaban la ciudad (año 206 a.c.), con Escipión el africano, Roma llegó a Sevilla, convirtiendo a ésta en una gran urbe.

En esta época la ciudad llevó el nombre de Hispalis. Esta urbe era utilizada fundamentalmente por los romanos como capital mercantil. Se construyó una colonia residencial a las afueras para la aristocracia romana denominada Itálica, donde llegaron a nacer dos importantes emperadores romanos: Trajano y Adriano.

Según la Mitología fue Hércules quien le marcó a Julio Cesar la ubicación de la ciudad, siendo refundada por éste último en el año 45 a.c.

Época Visigoda:

Corría el año 426 cuando Sevilla fue tomada por Gunderico, dirigente vándalo. Sucedieron en esta época varias invasiones que finalizaron con la llegada de los Visigodos. Leovigildo y posteriormente su hijo Recaredo reinarían como grandes reyes visigodos.

Durante esta época, un poca oscura, Sevilla destaca como centro cultural gracias a la figura de San Isidoro nacido en esta ciudad en el año 560. Escribió "Las Etimologías", enciclopedia del saber de la época. San Isidoro es una de las figuras que aparecen en el escudo de la ciudad.

Época Musulmana:

En el año 712 de nuestra era, Muza conquistó Sevilla, comenzando así la época musulmana que se extendería a lo largo de cinco siglos. Los musulmanes denominaron Isbiliya a esta ciudad, de aquí deriva su nombre actual.

Aunque dependiendo del Califato de Córdoba, Sevilla se convirtió en esta época la ciudad más importante de Al-Andalus. Fue de nuevo foco de riqueza cultural y capital de los reinos de Taifas de la mano del Rey Almutamid el poeta.

Después llegarían los almorávides y almohades, nuevos señores de Al-Andalus que dan a la ciudad la fisonomía básica del casco histórico que aún conserva. De esta época datan la construcción de la Giralda, Torre del Oro y Alcázar, monumentos emblemáticos de la ciudad.

Época Cristiana:

En el año 1248, después de 15 meses de asedio el rey Fernando III consiguió la rendición de los musulmanes de la ciudad de Sevilla.

En poco tiempo se expulsa a la población musulmana y el solar es repartido entre los conquistadores. Se le da una nueva demarcación urbana en diferentes distritos, siempre alrededor de sus respectivas parroquias (muchas de ellas mezquitas reconvertidas). La mezquita mayor sería derribada para construir la catedral.

El rey Fernando III el santo se instala en la ciudad hasta su muerte. Le sucede su hijo Alfonso X el sabio, quien compone gran parte de sus crónicas desde los alcázares y al que se le debe el lema de la ciudad NO&DO.

Durante la época posterior a la conquista de la ciudad hubo un gran asentamiento de población judía, aunque no fueron bien tratados (terminaron expulsados o convertidos al cristianismo). El barrio de Santa Cruz fue el gran enclave judío.

En estos tiempos otros reyes (como Pedro I) escogieron a Sevilla como su residencia habitual. También desde Sevilla se planificó el final de la reconquista.

Edad Moderna:

Tras el descubrimiento de América, Colón llega a los muelles de Sevilla, donde anuncia su gran proeza. En estos muelles se organizarán las distintas flotas que proseguirán con la exploración de las nuevas tierras.

En el S.XVI Sevilla era el principal puerto de comercio con Inglaterra, Italia y Flandes. Constituyéndose el monopolio del enlace con América y fundándose la Casa de Contratación (Archivo de Indias). Por todo esto, Sevilla tuvo un importante crecimiento económico y demográfico que la convirtió en la ciudad más grande de España.

En Sevilla se congregaron gentes de todas las clases sociales y nacionalidades destacando por su importancia los mercaderes.

Fue Sevilla también el marco para la boda de Carlos V.

Durante esta etapa se construyeron muchas casas palacio, el Hospital de las Cinco Llagas (actual sede del Parlamento de Andalucía) y se finalizó la construcción de la Catedral. Pasaron por la ciudad grandes figuras del arte, como Cervantes, Garcilaso, Lope de Vega... y también fue cuna de importantes artistas como Murillo, Velázquez y Zurbarán.

Siglo XVII El Declive:

Toda la opulencia que trajo el descubrimiento de América tuvo su fin con la crisis económica que afectó a toda Europa y el traslado de la Casa de Contratación a Cádiz que motivó el desvío del comercio a esta ciudad.

Esta época distingue a Sevilla como "ciudad convento" con un total de 73 monasterios de diferentes órdenes, tanto masculinos como femeninos. Es en este siglo cuando se instituye la carrera oficial de las hermandades de pasión con lo que nace la Semana Santa.

Posteriormente, en el siglo XVIII se construyó la fábrica de tabacos (actual sede de la Universidad) y la Plaza de Toros de la Real Maestranza.

En el siglo XIX llega el ferrocarril a Sevilla.

Siglo XX:

Comienza este siglo con la preparación de la Exposición Universal de 1929. Este evento nos deja la construcción de la Plaza de España y el Parque de María Luisa. A partir de aquí la ciudad comienza una remodelación de su infraestructura para modernizar y mejorar la comunicación: red de tranvías, canalización del río y construcción del aeropuerto.

Tras el paréntesis de la guerra civil (1936-1939), en los años 60 la ciudad se expande hacia las afueras en diferentes barrios y continúa su modernización. En el año 1992 con motivo de la Exposición Universal se pone en marcha un plan de mejora que permite la construcción de nuevos puentes sobre el rio, ampliación y construcción de avenidas y el enlace entre Madrid - Sevilla con el tren de alta velocidad.

Santander (Historia )

Historia de Santander:  www.tarotdelamor.com  

La presencia humana y con ella el comienzo de la historia más antigua de la ciudad de Santander se remonta a la época prehistórica, como ponen de manifiesto los restos de diferentes objetos de piedra (útiles, lascas, raspadores...) localizados en las zonas altas, como en la Virgen del Mar, Cabo Mayor, Monte, etc., aunque no se conoce con precisión la cronología de su llegada. Además, en torno a la Bahía se localiza una de las concentraciones más notables de yacimientos al aire libre y cavidades con evidencias del Paleolítico cantábrico. Los indicios del Mesolítico son más abundantes, aunque poco explícitos. De hecho, en varias zonas de la costa de Santander se documentó la presencia de un útil característico de este periodo: el pico asturiense.

En general, esta etapa prehistórica puede que sea la más desconocida y sobre la que constan menos pruebas palpables de su transcurrir. Más confirmadas son las referencias de las huellas que dejaron los romanos a su paso por la villa. De hecho, a partir de éstas se tiene conocimiento de que la villa fue lugar de desembarco de las legiones romanas en la conquista de Cantabria, por lo que fue denominada Portus Victoriae o Puerto de la Victoria. El fundamento a esta aseveración no sólo se encuentra en la interpretación de los datos geográficos, sino también en el hallazgo de restos arqueológicos romanos tanto en el área correspondiente a la propia ciudad como en su entorno más inmediato. De esta forma, en la península de La Magdalena se localizaron vestigios de la existencia de una villa romana, como un Hermes de bronce, restos de mosaicos, terra sigillata, un sextercio de bronce de Trajano, etc. Asimismo, se han hallado objetos de esta época también en la zona de San Martín, en el emplazamiento de la cripta de la catedral y en la ría de Astillero, y se han encontrado restos de antiguas minas romanas en Peña Cabarga.

Aquella población amenazada por las invasiones de los pueblos bárbaros, y entre ellos el conocido saqueo de los Hérulos y de los Bárdulos –citado por Hidacio en su Cronicón del siglo V–, tuvo que fortificar la villa desde el siglo IV para protegerse. A partir de entonces se abre un vacío documental en la historia de Santander hasta la aparición de la primera referencia escrita, que data del año 1068, en el Cartulario de San Salvador del Moral. En ella se recoge el privilegio atribuido al rey Sancho II de Castilla mediante el cual se concede al Obispado de Oca los derechos de pasto, madera, etc. sobre varios puertos, entre los que se cita el de San Emeterio (Portus Sancti Emetherii), siendo éste el origen etimológico del nombre de Santander. Más tarde, el 11 de julio de 1187, el rey Alfonso VIII de Castilla le otorgó el fuero a la villa, sometiéndola al señorío de los abades de San Emeterio. De esta forma, por primera vez se reconocía la personalidad jurídica de las instituciones del concejo y se confirmaba una serie de privilegios tendentes a favorecer su integración social y su potencialidad económica. Este poder adquirido por la villa costera fue prolongación del Fuero de Sahagún de 1152, y como tal contemplaba los preceptos fundamentales de aquél, entre los que cabe destacar la confirmación del señorío del abad sobre el pueblo, la igualdad de los vecinos, la exención del servicio militar, la libertad del comercio, así como otra serie de privilegios de carácter administrativo, penal y fiscal.

Todas estas ventajas posibilitaron el poblamiento y el desarrollo mercantil de Santander, que se vería, además, favorecido poco después por otra serie de medidas concedidas por los reyes de Castilla, como fue la exención de portazgo otorgada por Alfonso X en 1255 y la concesión de otras ventajas fiscales para el comercio por Alfonso XI en 1317.

En las últimas décadas del siglo XIII el comercio exterior con los puertos franceses, ingleses y de Flandes había sido enormemente activo, favoreciendo esta actividad mercantil la Hermandad de las Marismas, constituida en 1296 por los principales concejos del Cantábrico: Santander, Laredo, Castro Urdiales, Vitoria, Bermeo, Guetaria, San Sebastián y Fuenterrabía. En estos momentos se llegaba a un florecimiento económico sobresaliente, que dio lugar también a un gran desarrollo demográfico, pues la villa se aproximaba entonces a la cifra de los dos mil habitantes. La población santanderina se vio azotada por dos incendios que hicieron precisa la protección real y que tuvo su repercusión en la reducción de las cargas fiscales, según se desprende de una carta remitida por el infante don Pedro al concejo el 24 de noviembre de 1311.

Para entonces, las naves cántabras gozaban de gran fama y respeto por las hazañas bélicas en las que habían tomado parte. Esta circunstancia propició la firma de un tratado de paz con Eduardo III de Inglaterra en 1351 y una tregua en 1375. Precisamente, convenios internacionales como éstos favorecieron la actividad comercial de las naos santanderinas en los puertos ingleses.

Los privilegios con los que contaba la villa para entonces fueron confirmados durante el largo reinado de Alfonso XI. En este periodo tiene su origen el Becerro de las Behetrías o Libro de las Merindades de Castilla, en el cual Santander aparece como lugar de realengo, aunque reservándose el abad los derechos económicos. Este régimen de abadengo desaparecerá definitivamente con el desarrollo de la Puebla Nueva, a mediados del siglo XIII.

A partir de entonces, Santander, que había surgido como un pequeño asiento de población en la península existente entre la bahía y la ribera, quedaba constituida en dos núcleos urbanos, aparecidos como consecuencia del asentamiento primitivo en la villa, primero, y de la expansión de la Baja Edad Media, después. Inicialmente se constituyó la Puebla Vieja y lo hizo en la parte alta de la villa y en torno a tres elementos: la abadía de los Cuerpos Santos, en cuyo interior se construyó el Hospital del Santo Espíritu o albergue de pobres; el castillo del Rey, construido por Alfonso VIII sobre las antiguas ruinas de una fortificación romana; y el puerto, su sustento económico. La Puebla Vieja se articulaba en torno a la rúa Mayor, su calle principal, paralela a la cual discurriría la rúa Menor, uniéndose a la Puebla Nueva por medio de un puente de varios ojos –de ahí el nombre de la calle del Puente– que pasaba por encima de un canal y llegaba a las Atarazanas.

Para establecer el momento de la creación de la Puebla Nueva se parte de una escritura de 1252 referida a una casa situada en la calle Arcillero, junto a la ría en su brazo derecho. Este nuevo tejido urbano fue fruto del asentamiento progresivo en la villa de los artesanos y mercaderes. De tal forma que si en la primera dominaba la presencia institucional de la abadía o iglesia de los Cuerpos Santos, en la segunda el motor dominante era el mundo de la artesanía y el comercio, que fueron configurando una trama compuesta por calles dispuestas con una estructura medieval en torno a un centro neurálgico que, en este caso, era la céntrica Plaza Vieja, hoy desaparecida, a la que se accedía a través de la calle del Puente y en la que tenían lugar los actos más importantes (fiestas, representaciones teatrales, corridas de toros...). A partir de ella se disponían las calles más destacadas, tales como Santa Clara, denominada así por el monasterio de esta orden religiosa establecido en ella, y las transversales de San Francisco, de la Sal –cuyo nombre se debía al alfolí o depósito de la sal allí situado– y del Palacio, en la que estaba ubicado el depósito de trigo, un edificio público de gran importancia en la vida cotidiana de los ciudadanos de la villa. Otras calles de este núcleo eran las de Tablero y Arcillero, Medio y Arrabal.

El auge económico de la villa se mantuvo en los años siguientes, llegando a su etapa de máximo esplendor a mediados del siglo XV. Previamente, en 1335, el rey Alfonso XI había confirmado las ventajas fiscales otorgadas por el infante don Pedro veinte años atrás. Además, el cambio de dinastía en la Corona de Castilla no perjudicó para nada a Santander, que recibió de Enrique II la exención de servicio militar, en 1396, y confirmó los fueros y demás privilegios concedidos a la villa. Con medidas como las citadas se fue afianzando el progreso económico, basándose en la actividad mercantil, que se concretaría fundamentalmente en el comercio de sacas de lana burgalesa en barcos de Vizcaya, Guipúzcoa y de los propios armadores de la villa santanderina con destino al puerto de Flandes, así como en el comercio exterior de trigo, madera y hierro por la Cornisa Cantábrica y Andalucía. Además, la pesca constituía otro factor clave en la vida económica y social. De hecho, en el siglo XIV los pescadores crearon su Cofradía bajo la advocación de San Martín de la Mar.

A lo largo del siglo XV se puso en evidencia la tensión existente entre la Puebla Vieja y la Nueva a la hora de determinar su participación en el Gobierno municipal, un conflicto que hubo de resolver en 1431 una sentencia del adelantado mayor de León, Pedro Manrique, mediante la cual establecía que gobernasen la villa dos alcaldes, seis regidores, dos fieles y un procurador, elegidos entre los vecinos de las dos zonas diferenciadas de Santander. Como ocurrió en la mayor parte de las ciudades castellanas, dichos oficios recayeron en los miembros de los linajes más destacados y de mayor antigüedad, tales como Calderón, Arce, Pámanes, Calleja, Escalante y Sánchez. La determinación del sistema y momento de elección fue regulado por los Reyes Católicos, que fijaron una periodicidad anual, siendo el 1 de enero la fecha establecida, y el convento de San Francisco como lugar de celebración.

Otro hecho determinante en la historia de la villa fue la donación perpetua realizada por el rey Enrique IV al segundo marqués de Santillana en 1466, que no fue aceptada tras oponerse el pueblo, protagonizando una resistencia armada y una lucha abierta que forzó la revocación de dicha entrega tan sólo un año después. Esta circunstancia propició que se concediera a Santander aquel 8 de mayo de 1467 el título de villa noble y leal.

En la segunda mitad del siglo XV el desarrollo económico había alcanzado su nivel máximo y la población santanderina se calculaba que la integraban entre seis mil y siete mil habitantes. Sin embargo, en los últimos años de este siglo la vida de la villa dio un giro radical. La llegada de la peste en la primavera de 1497, tras el desembarco de la Armada procedente de Flandes que trasladaba a la princesa Margarita de Austria para contraer matrimonio con el príncipe Juan, heredero de los Reyes Católicos, desencadenó una terrible crisis demográfica y la ruina de la mayor parte de las actividades económicas. Como consecuencia de este duro revés, el de mayor magnitud en la historia de la villa, Santander perdió prácticamente a tres cuartas partes de sus vecinos. Además, a lo largo de la época moderna siguió sufriendo el azote de otras epidemias de esta enfermedad, como las documentadas entre los años 1517 y 1518, entre 1529 y 1531, y la gran peste de 1596, cuyo contagio también vino a bordo de un navío de Flandes, de nombre ‘Rodamundo’. El inventario realizado en 1533 proporciona una serie de datos sobre las consecuencias de la peste y permite hacerse una idea de las dimensiones de la tragedia. En él consta que de las 641 viviendas existentes fueron destruidas 187 y otras 267 quedaron deshabitadas, conservándose con vecinos tan solo las 187 restantes.

No obstante, en los últimos años del siglo XV y a lo largo del XVI también tuvieron lugar otra serie de hechos que influyeron positivamente en el desarrollo industrial y comercial de la villa, como por ejemplo la creación del Consulado de Burgos, en 1494, que supuso un elemento de transformación de la actividad económica y un organismo fundamental en el comercio de lana a otros países. Además, en 1524 se concedió a la villa el privilegio de un mercado franco semanal y en 1542 las sisas para la construcción de un muelle y un contramuelle. Precisamente, el nuevo puerto fue la gran obra de la Edad Moderna.

Otros factores positivos que alentaron la vida económica fueron la solicitud de creación de un obispado en Santander, en 1567, y la declaración en 1570 por parte de Felipe II de la villa como Base Naval del Cantábrico, con la creación de grandes flotas y el impulso de la construcción naval. Gracias a todo esto en este siglo XVI se alcanzó un crecimiento desconocido hasta entonces, pero este proceso sufrió una inflexión al final del reinado de Felipe II. A partir de entonces decayó el poderío naval y se entró en una etapa de decadencia en la que la peste fue de nuevo triste protagonista, pues se siguió cobrando muchas vidas y continuó provocando una emigración constante.

En vista de este panorama no sorprende que el siglo XVII estuviera marcado en sus comienzos por la miseria y la ruina, teniendo que esperar al ecuador de esta centuria para hallar algún atisbo de recuperación. La villa logró levantar cabeza a lo largo del siglo XVIII. Fue entonces cuando adquirió de nuevo su condición preeminente y la capitalidad del territorio. Eran tiempos de desarrollo, auge económico y expansión urbana. Una de las decisiones que influyó en este despegue fue la del ministro José Patiño de acometer el proyecto de desviación del comercio de las lanas hacia el puerto de Santander, como consecuencia de la cual se permitió que se aprobara la construcción del camino de las lanas que enlazaba Burgos con la villa santanderina, siendo el primer tramo el que llegaba hasta Reinosa, que fue abierto el 15 de noviembre de 1753.

A esta mejora de las comunicaciones con la meseta castellana le sucedieron otros dos acontecimientos favorables para destacar en este periodo, como son la creación por el Papa Benedicto XIV de la Diócesis de la Montaña con sede en Santander, en 1754, y la concesión del título de ciudad otorgado por el rey Fernando VI en 1755.

Todo ello contribuyó a la transformación decisiva de la ciudad, que veía cómo se incrementaba notablemente su población y asistía al desarrollo de la burguesía mercantil y del sector terciario. Los daños ocasionados por un incendio acontecido en 1763, que arrasó la calle de la Mar y provocó el desmoronamiento de parte del muelle, fueron aprovechados para acometer las obras de ampliación del puerto y de la ciudad. Santander inició una gran transformación urbanística a partir del proyecto de ensanche del ingeniero Francisco Llovet, en 1765, que después continuarían Fernando de Ulloa y Juan de Escofet, con el descubrimiento de un nuevo canal en la bahía que iba a ser fundamental en el desarrollo de la ciudad, aunque tampoco estuvo su propuesta exenta de problemas. Para finales de este siglo Santander vivía una época de gran vitalidad comercial. Sin duda, a ello contribuyó también la liberalización del comercio exterior con las colonias americanas, en 1778, y la creación del Consulado de Mar y Tierra de Santander, en 1783, que supuso la emancipación de la secular dependencia del Consulado de Burgos. A partir de entonces los intercambios con América se dispararon, siendo San Cristóbal de La Habana, Montevideo, Buenos Aires, Cartagena y, sobre todo, Veracruz los principales puertos de destino. Pero, además, se consolidaron tres rutas de carácter nacional: la de las lanas por el camino de Reinosa, la de las harinas (1804), entre Santander y Palencia, y la de los vinos (1830), que enlazaba con Logroño. Por todo esto, Santander se convirtió en el principal puerto de exportación de Castilla, siendo éste el motor fundamental de la ciudad y el que determinó su desarrollo urbanístico.

En este periodo que abarca desde finales del siglo XVIII a principios del XIX, Santander experimentó un proceso de expansión debido a su paulatina transformación de villa pesquera a ciudad comercial. Aunque en un principio el desarrollo se produjo en el interior de las murallas –vestigio de la época medieval–, empezaron a surgir indicios de actividad económica fuera de ellas, lo que finalmente llevó a proceder a su derribo para facilitar el crecimiento urbano. El progreso continuó durante las primeras décadas del siglo XIX, a pesar de la crisis económica sufrida como consecuencia de las guerras coloniales, la invasión napoleónica, las epidemias, etc. Santander pasó a especializarse en actividades comerciales y de forma paralela comenzó un cierto desarrollo industrial, con la implantación de fábricas de harina, cerveza, azúcar..., que a su vez dieron lugar a la construcción de barrios obreros. También a mediados del siglo XIX surgieron importantes entidades financieras, como el Banco de Santander (1857) y la Sociedad Anónima del Crédito Cantábrico y la Unión Mercantil (1861). La ciudad, por otra parte, recibía las visitas de viajeros extranjeros y personalidades relevantes del mundo de la política y la cultura. Tres iniciativas puestas en marcha por aquel entonces influyeron en el cambio de fisonomía de Santander. La primera de ellas fue el desarrollo, hacia el año 1845, del balneario de El Sardinero y, con ello, de la apertura de diferentes alternativas de negocios, como la de los carruajes (1847), que emprendieron la línea de comunicación con el centro de la ciudad y que más tarde darían paso a las locomotoras (1873), naciendo así el tranvía urbano a El Sardinero. Además, con la finalidad de englobar en la trama urbana espacios marginales, se emprendieron diversas obras, como la construcción del Paseo de la Concepción, un acceso fácil con el área residencial de El Sardinero.

Las otras iniciativas fueron la llegada del ferrocarril de Santander-Alar del Rey, inaugurado en 1866, y la concesión obtenida por el ingeniero belga Pablo Emilio Wissocq, en 1853, que consistía en el relleno de grandes marismas del sureste de la bahía para la instalación de almacenes portuarios y de las vías y estaciones de ferrocarril. De esta forma, la ciudad y el puerto se disocian, centrándose las actividades portuarias en el interior de la bahía y extendiéndose la zona residencial y comercial hacia El Sardinero. Para finales del siglo XIX, que estuvo marcado en el último tercio por las consecuencias de la guerra iniciada en 1868 en Cuba y de la última guerra carlista, Santander contaba con una población cercana a los 45.000 habitantes. En 1875, con la prohibición de las exportaciones de trigo y harina al extranjero, se inició una nueva crisis, agudizada por la quiebra del comercio con las colonias americanas.

Coincidiendo con este periodo de decadencia tuvo lugar la mayor tragedia de carácter civil ocurrida en Santander en este siglo: la explosión del Cabo Machichaco, el 3 de noviembre de 1893. Aquel barco, construido en 1882 en Newcastle, se encontraba atracado en el muelle número 2 de Maliaño, frente a la actual calle de Calderón de la Barca, cuando el estallido de una bombona de vidrio con ácido sulfúrico provocó un incendio en la cubierta que después se propagó por las bodegas de proa. Más de 500 personas perdieron la vida como consecuencia de la explosión que se produjo a continuación tras alcanzar el fuego a la mercancía de dinamita que transportaba el buque. Los heridos superaron la cifra de los dos mil y los daños materiales fueron cuantiosos a causa de los incendios que el suceso desencadenó. Meses más tarde, el 20 de marzo de 1894, otra detonación producida durante los intentos de rescate de los restos del vapor hundido en la bahía ocasionó otras veinte víctimas mortales.

A pesar de esta serie de circunstancias negativas, se apreciaron en la ciudad algunos síntomas de recuperación gracias a las aportaciones económicas de los indianos, que permitieron la creación, por ejemplo, de varias instituciones bancarias, como Monte de Piedad (1898) –hoy Caja Cantabria– y el Banco Mercantil (1907), y compañías navieras, como es el caso de Navegación Montañesa. Iniciativas como éstas renovaron la imagen arquitectónica de Santander.

Además, se observa un cierto asentamiento de barriadas obreras en la periferia y el crecimiento de zonas de mayor calidad, como El Sardinero, cuyo desarrollo turístico estuvo motivado por tratarse del lugar elegido como sede principal del veraneo de la monarquía. Isabel II y Amadeo de Saboya habían visitado en diversas ocasiones la ciudad, al igual que lo hiciera el rey Alfonso XII en 1881, invitado por el marqués de Comillas. En 1904 el presidente del consejo de ministros, Antonio Maura, concedió a los santanderinos el usufructo de la península de La Magdalena, terrenos que la ciudad ofreció al rey cuatro años más tarde para la construcción del palacio. El hecho de que Alfonso XIII y Victoria Eugenia fijaran aquí su residencia desde 1913 fue, sin duda, un acicate para la promoción turística de la zona, a la que contribuyó también el trabajo de la sociedad El Sardinero, fundada en 1901 y encargada de dar a conocer las excelencias del lugar no sólo por España sino también por el extranjero. Surgieron entonces edificios de gran atracción turística (Hotel Real, Hipódromo, Club de Tenis...), que favorecieron el desarrollo de la ciudad en esta zona.

Durante el periodo republicano se produjeron en Santander numerosas transformaciones llevadas a cabo por sus alcaldes con la intención de dar una nueva imagen a la ciudad. Además, en 1932 se creó la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), entonces denominada Universidad de Verano de Santander, dotando a El Sardinero de una gran atracción para el mundo intelectual.

Concluida la Guerra Civil (1936-1939), la ciudad emprendió su recuperación, aunque poco después otro funesto acontecimiento ocuparía una nueva página en su crónica negra. Se trata del devastador incendio declarado en la madrugada del 15 al 16 de febrero de 1941 en un edificio de la calle Cádiz, que destruyó la mayor parte del casco antiguo de la ciudad, dejando un balance de más de 400 edificios desaparecidos, 10.000 damnificados y unas pérdidas materiales cifradas oficialmente en 85 millones de pesetas.

Como consecuencia quedaron libres 115.421 metros cuadrados de suelo urbano situados en la zona más céntrica de la ciudad, a partir de los cuales se inició una absoluta remodelación del área dando paso a un moderno centro urbano de orientación comercial y de residencia acomodada. De forma paralela se produjo el progresivo crecimiento de barrios periféricos (La Albericia, Campogiro, Peñacastillo...), a los que se desplazaron las familias modestas desalojadas de las antiguas casas del centro que fueron pasto de las llamas. La labor de reconstrucción estaba prácticamente finalizada hacia 1954.

Este mismo año el Ayuntamiento aprobó el Plan Comarcal de Santander, que llevó consigo la redacción de los Planes de Polígonos establecidos en el Plan General. De esta forma el término municipal se dividió en 22 polígonos, incluyendo las cuatro aldeas de San Román de la Llanilla, Monte, Cueto y Peñacastillo. Surgieron entonces las zonas diferenciadas de Cazoña, Menéndez y Pelayo, la Gándara, La Albericia, el Faro, etc. Durante las décadas de los cincuenta y sesenta la ciudad experimentó un crecimiento espectacular, favorecido por el proceso de industrialización y el éxodo rural que desencadenó la crisis agraria. En este periodo se inauguró el aeropuerto de Parayas (1953) y se desarrolló el área próxima a General Dávila y del barrio Castilla-Hermida, densamente pobladas por clases trabajadoras. En la década de los setenta prosiguió el desarrollo económico, político y social y se dio una expansión del espacio industrial, concentrándose la mayor parte de las empresas no sólo en las áreas específicas de la ciudad, como el polígono de Raos, sino también en las de municipios cercanos como Camargo o Astillero.

Se llegaba así a los años ochenta, momento en el que tiene lugar uno de los hechos más significativos y transcendentales para la vida política de la ciudad: la aprobación definitiva por el Congreso de los Diputados de la Ley Orgánica del Estatuto de Autonomía de Cantabria (1981), mediante el cual desaparecía la antigua provincia de Santander para dar paso a la Comunidad Autónoma de Cantabria, en la que quedó integrada la Diputación Provincial santanderina, constituida por primera vez en 1820 y hasta entonces dependiente de Castilla la Vieja; se estableció Santander como su capital. Las primeras elecciones regionales se celebraron el 8 de mayo de 1983.

La década de los ochenta, además, estuvo marcada por interesantes procesos urbanísticos desencadenados por los cambios económicos que provocó la crisis de la industria. A partir de entonces el sector terciario comienza a ganar terreno y peso ocupando el hueco dejado por la caída industrial. Fruto de esta progresiva sustitución son los centros comerciales y de ocio localizados en la periferia de la ciudad sobre espacios que antaño ocupaban algunas fábricas. A este crecimiento de los márgenes contribuyeron también varios proyectos en materia de transporte, como la construcción del túnel de Tetuán, la autovía de Bezana-El Sardinero o la prolongación de la Avenida de Los Castros, que, a su vez, revitalizaron las zonas rurales de Cueto, Monte, San Román y Peñacastillo, quedando integradas en el perímetro urbano hacia mediados de los años noventa.


martes, 16 de agosto de 2011

LOS ARCANOS DEL TAROT ARCANO 4 EL EMPERADOR

  QUE SON LOS ARCANOS, QUE ES LA WEB LOS ARCANOS
DESCRIPCIÓN DE www.LOS ARCANOS.es DEL TAROT ARCANO Nº 4.-
EL EMPERADOR
DESCRIPCIÓN DEL ARCANO DEL TAROT Nº 4.-
 De la frente del Emperador sobresale la Serpiente símbolo de la Maestría: la Corona formada de un áspid, el Thermuthis, pertenece a Isis, nuestra Madre Divina Kundalini Particular. Sobre su cabeza un bonete de 4 puntas, 4 ángulos, representando los 4 elementos, los 4 evangelios, los 4 Vedas. etc. También tenemos en el bonete el alambique, el recipiente. los órganos sexuales, el Hornillo, el Chacra Muladhara, la columna espinal y el destilador el cerebro.
En su mano derecha sostiene el báculo de Poder. Se encuentra sentado sobre la Piedra Cúbica perfectamente labrada, producto de los anteriores Arcanos. Dentro de la Piedra el gato el fuego. En las aguas de la vida se encuentra el bastón de mando, la columna vertebral.
SIGNIFICADO ESOTÉRICO DEL ARCANO DEL TAROT Nº 4.- 
La Cruz tiene 4 puntas. La Cruz de la Iniciación es fálica, la inserción del Phalo vertical en el Ecteis femenino forman la Cruz. Es la Cruz de la iniciación que nosotros debemos echar sobre nuestros hombros.
Debemos comprender que con sus 4 puntas simboliza los 4 puntos cardinales de la tierra, Norte, Sur, Oriente y Occidente. Las 4 edades, Oro, Plata, Cobre y Hierro. Las 4 estaciones del año. Las 4 fases de la luna. Los 4 caminos: Ciencia, Filosofía, Arte y Religión; al hablar de los 4 caminos debemos comprender que todos son Uno Solo, este camino es el camino Angosto y Estrecho del Filo de la Navaja, el camino de la Revolución de la Conciencia.
La Cruz es un símbolo muy antiguo, empleado desde siempre, en todas las religiones, en todos los pueblos y erraría quien la considerase como un emblema exclusivo de tal o cual secta religiosa; cuando los conquistadores españoles llegaron a la tierra santa de los aztecas encontraron la cruz sobre los altares.
El Signo de la Cruz, sublime monograma del Cristo Nuestro Señor de la cruz de San Andrés y de la milagrosa llave de San Pedro son réplicas maravillosas de igual valor Alkimista y Kabalista. Es pues, la marca capaz de asegurar la victoria a los trabajadores de la "Gran Obra".
La Cruz sexual símbolo viviente del cruzamiento del Lingam-Yoni tiene la huella inconfundible y maravillosa de las 3 claves que se emplearon para inmolar al Cristo-Materia, imagen de las 3 purificaciones por el Hierro y por el Fuego, sin las cuales Nuestro Señor no hubiera podido lograr la Resurrección.
La Cruz es el jeroglífico antiguo, alkímico, del Crisol (creuset) al que antes se llamaba en Francés, cruzel, crucible, croiset. En Latín, crucibulum crisol, tenía por raíz, crux, crucis, cruz. Es evidente que todo esto nos invita a la reflexión.
Es en el crisol donde la materia prima de la Gran Obra sufre con infinita paciencia la pasión del Señor. En el Erótico Crisol de la Alkimia Sexual Muere el "Ego" y renace el "Ave Fénix'' de entre sus propias cenizas: Inri, "In Necis Renascor Integer". "En la muerte renacer intacto y puro".
La inserción del Phalo vertical dentro del Utero formal hace Cruz y esto es algo que cualquiera lo puede verificar.
Si reflexionamos muy seriamente en esa íntima relación, existente entre la "S" y la "Tau", "Cruz" o "T", llegamos a la conclusión lógica de que solo mediante el cruzamiento del "Lingam-Yoni" (Phalo-Utero), con exclusión radical del orgasmo fisiológico, se puede despertar el "Kundalini", la Serpiente Ignea de nuestros Mágicos Poderes.
En la concepción Náhuatl y Maya, la "Swástica" Sagrada de los Grandes Misterios, estuvo siempre definida con la Cruz en Movimiento; es el "Nahui-oIlin", náhuatl; símbolo sagrado del Movimiento Cósmico.
Las dos orientaciones posibles de la Swástica, representan claramente los principios Masculino y Femenino, positivo y negativo de la naturaleza. Dos Swásticas de una y otra dirección exactamente superpuestas, forman indubitablemente la Cruz Potenzada, y en este sentido representan la conjunción erótica de los sexos.
Según la leyenda Azteca, fue una pareja, un hombre y una mujer, los que inventaron el Fuego y esto sólo es posible con la Cruz en Movimiento: Inri; Ignis Natura Renovatur Integra; "El Fuego Renueva Incesantemente la Naturaleza".
La Cruz también revela la "Cuadratura del Círculo", la clave del movimiento perpetuo. Ese movimiento perpetuo sólo es posible mediante la Fuerza Sexual del Tercer Logos. Si la energía del Tercer Logos dejara de fluir en el Universo, el Movimiento Perpetuo terminaría y vendría el desquiciamiento cósmico. El Tercer Logos organiza el Vortice Fundamental de todo el Universo naciente, y el vértice infinitesimal del ultérrimo átomo de cualquier creación.
Con el Arcano Cuatro del Tarot el Ser echa sobre sus hombros la Cruz de la Iniciación.
Si hacemos la siguiente suma kabalística del Arcano 4 (1 + 2 + 3 + 4 = 10) encontramos que (10 = 1 + 0 =1) (Mónada).
Tetragrammaton es igual a la Mónada.

lunes, 1 de agosto de 2011

La buena alimentación, no solamente afecta al espiritu

Los textos en letra comúnitálica fueron tomados del libro Biología de Millar y Levine (Prentice Hall), páginas 971-6, libro de texto para escuelas secundarias utilizado comúnmente en USA. Los textos en negrita fueron escritos por el Rabino Itzjak Ginsburgh.

¿Qué importancia tiene la alimentación en su vida? Antes de responder, piense en dos festividades americanas: el Día de la Independencia y el Día de Acción de Gracias. ¿Qué le viene a le mente? Exactamente, no importa donde viva, lo más probable es que las comidas sean el centro de mesa de esos días especiales. Para la mayoría de nosotros la alimentación es algo más que la simple nutrición, es una parte importante de nuestra cultura. Las sociedades humanas organizan en todo el mundo reuniones y encuentros familiares alrededor de la comida.
Alimento y Energía
¿Alguna vez se cuestionó por qué necesita comer alimentos? La respuesta más obvia es para obtener energía. Usted necesita energía para subir escaleras, levantar libros, correr y hasta para pensar. Así como un automóvil necesita combustible, su cuerpo necesita alimentos para todo ese trabajo, y los alimentos son su combustible. Las células convierten la energía química que está almacenada en el azúcar glucosa y en otras moléculas en ATP.
Analicemos ahora la pregunta “¿por qué necesita comer alimentos?” desde una perspectiva más profunda. La mayoría de las personas se ocupan (desafortunadamente) en su rutina diaria de proveer a sus cuerpos lo que la naturaleza les exige – comer, beber, dormir, etc. – sin prestar mucha atención a lo que significan estas actividades y funciones en un plano espiritual.
¿Por qué Dios me creó de esta manera? ¿Por qué debo comer para obtener energía?
La Toráh nos enseña que “no sólo de pan vive el hombre, sino de la palabra que surge de la boca de Dios”. (Deuteronomio 8:3) (En la Toráh, “pan” se refiere al alimento en general. Lo que nos está enseñando este verso es que dentro del “pan” que comemos está investida la fuerza de vida Divina y que es importante para nosotros saber que esta fuerza de vida está viniendo directamente de Dios, el Creador y Sustentador de toda vida (y por cierto, de todo lo que existe).
Si comemos nuestro alimento con esto en mente, podemos extraer la fuerza de vida Divina o “chispa” Divina que es la esencia interior del alimento. Como resultado, el nivel de nutrición – tanto física como cognitiva y espiritual – que obtenemos del alimento será mucho mayor.

La energía disponible en los alimentos puede ser medida de una manera sorprendentemente simple: ¡Quemándolo! Cuando se lo quema la energía que contiene se convierte en calor, que es medido en términos de calorías. La cantidad de calor necesario para elevar la temperatura de 1 gramo de agua en 1 grado Celsius es 1 caloría. Los científicos se refieren a la energía almacenada en los alimentos como Calorías dietéticas, con una C mayúscula. Una Caloría es igual a 1000 calorías o 1 kilocaloría (Kcal).

Al quemar los alimentos, la energía que contienen se convierte en calor. En la mentalidad judía esto nos lleva inmediatamente al Templo Sagrado de Jerusalem, donde cada día eran quemados numerosos sacrificios sobre el altar. Estas ofrendas producían la elevación de la energía atrapada en el sacrificio a un plano espiritual superior, dedicándolo a la pureza y a lo sagrado.
Aunque el Templo no ha sido reconstruido aun, los sabios revelan que incluso hoy, la mesa en que comemos simboliza el altar del Templo sobre el que se quemaban los sacrificios. Viendo de esta manera a la mesa como un altar y a los alimentos que consumimos como una ofrenda, le agrega una nueva dimensión a nuestras comidas. Cuando comemos, debemos tener en mente que estamos elevando la energía de los alimentos en ofrenda a Dios, es decir, que estamos intentando utilizar la energía que obtenemos de la comida para servir a Dios.
Sólo los alimentos kosher liberan su energía de manera conducente a servir a Dios, elevando nuestro nivel de conciencia (si así lo intentamos al comer) de tal manera que podemos reconocer la presencia de Dios en nuestras vidas y dedicarlas a Su servicio. Por consiguiente, debemos tener presente al comer que debemos conectarnos con el fuego sagrado que desciende de los cielos para consumir los sacrificios del altar.
En hebreo, que es el idioma de la creación, la palabra jaim , que significa “vida” o “fuerza de vida”, se relaciona con jom , “calor”. El Baal Shem Tov solía poner su mano en el corazón de los niños y bendecirlos “se un judío cálido”. En el Templo, el fuego descendía del cielo para consumir los sacrificios ofrendados en el altar. De la misma manera, cuando comemos debemos tener en mente conectarnos con la esencia de ese fuego sagrado.
En otras palabras, cuando te conectas con este fuego que desciende siempre de los cielos para conferir vida abajo, sentirás su calidez en el corazón, haciendo que arda de deseo por servir a Dios. El Baal Shem Tov solía enviar a sus discípulos a observar cómo los judíos simples comían con la intención innata y pura de “quemar” la energía de los alimentos para Dios.

La energía que necesita un adolescente promedio es aproximadamente unas 2200 Calorías por día para las mujeres y 2800 para los varones. Si tienes una actividad física vigorosa, sin embargo, tus necesidades pueden ser mayores.
Las sendas metabólicas en las células de tu cuerpo pueden extraer energía de casi todo los tipos de alimentos. ¿Entonces qué importancia tiene la clase de alimentos que ingieres? Aunque la mayoría de los alimentos que comes son utilizados como combustible, una cierta cantidad de ellos tienen otras funciones importantes. Algunos aportan materias primas utilizadas para construir y reparar los tejidos del cuerpo. Una parte de estas materias primas son utilizadas para manufacturar nuevas biomoléculas, entre ellas las proteínas que regulan las reacciones celulares, los fosfolípidos de las membranas celulares y el ADN, tu material genético.
Los alimentos también contienen al menos 45 sustancias que el cuerpo necesita pero no puede sintetizar. La ciencia de la nutrición, definida como el estudio de los alimentos y sus efectos sobre el cuerpo, trata de determinar cómo ayudar al organismo a reunir sus distintas necesidades alimenticias. Basándose en sus investigaciones, los nutricionistas recomiendan diferentes dietas balanceadas que incluyen diferentes tipos de alimentos. También diseñan dietas para personas con necesidades especiales, como los diabéticos.

Los Nutrientes
Los nutrientes son substancias de los alimentos que aportan la energía y las materias primas que tu cuerpo utiliza para crecer, reparar y mantenerse. Los nutrientes que el cuerpo necesita son agua, carbohidratos, grasas, proteínas y minerales .
La Toráh clasifica las necesidades básicas del ser humano de acuerdo a las cinco categorías:
  • Aire
  • Agua
  • Alimentos
  • Vestimentas
  • Albergue
Estas cinco categorías corresponden a distintos aspectos del modelo místico de la Toráh de nuestra psiquis. Veamos:
Cuando estamos sanos, generalmente no estamos concientes del aire que respiramos, por lo tanto el aire corresponde a nuestra facultad supraconciente llamada la sefiráh de la corona. El agua está asociada con nuestra facultad (o sefiráh ) de sabiduría, que es responsable de proveernos de nuevos pensamientos e ideas. Como el agua, que fluye bajando de la colina, de un lugar elevado a uno bajo, las ideas o iluminaciones de nuestra sabiduría fluyen hacia abajo desde su origen en nuestra corona supraconciente.
Mientras que los dos elementos anteriores representan un proceso relativamente inconciente o autónomo de la mente, el alimento representa la ingestión e integración de los nutrientes externos dentro de nuestro ser interior. En la psiquis, la integración de alimento espiritual, en el sentido de las enseñanzas de la Toráh, se logra por medio de la facultad (o sefiráh ) de entendimiento. Las vestimentas representan los atributos emotivos de la psiquis. Finalmente el albergue , o sea nuestro hogar, representa nuestra naturaleza social. Como seres humanos tenemos una orientación hacia la familia y la comunidad. Esto requiere de nosotros exteriorizar nuestro potencial de liderazgo, que está asociado con nuestra facultad o sefiráh de reinado.
Se acostumbra retratar estas correspondencias en forma de cuadro, basado en la forma tradicional de organización de las facultades del alma:
 
Corona
 
 
Aire
 
Entendimiento
 
Sabiduría
alimento
 
Agua
 
 
 
 
Facultades emotivas
 
 
Vestimentas
 
 
 
 
 
Reinado
 
 
Albergue
 
Podemos reconocer ahora que entre los seis nutrientes requeridos por el cuerpo, el agua es una categoría (correspondiente a la sabiduría) separada de las otras cinco (que corresponden al entendimiento). De todas maneras las seis son necesarias para el funcionamiento saludable del cuerpo.
La Cabaláh nos enseña que la sabiduría y el entendimiento constituyen una pareja en sí misma, por lo que el agua y los otros cinco nutrientes se enumeran juntos. Sabiduría es también conocida como el principio padre (agua) y entendimiento como el principio madre de la psiquis.
El principio padre es esencialmente singular, mientras que el principio madre es descripto como complejo y compuesto de cinco componentes. Corresponden a las dos primeras letras iud y hei del Nombre esencial de Dios, Havaiáh , conocido también como Tetragrámaton). La letra iud es descripta como un punto sin dimensiones aludiendo a que la sabiduría es singular en esencia y corresponde al agua como una categoría en sí misma.
El valor numérico de la letra hei es 5, que nos sugiere otra alusión a los cinco nutrientes que corresponden al entendimiento y al principio madre.
En cabaláh, los cinco componentes del principio madre o entendimiento se subdivide en 3 y 2, al igual que los 5 nutrientes: carbohidratos, proteínas y grasas por un lado y vitaminas y minerales por otro.

El Agua
El nutriente más importante es el agua. Todas las células del cuerpo humano necesita agua porque muchos de los procesos del cuerpo, incluyendo las reacciones químicas, tienen lugar en ella. El agua forma la mayor parte de la sangre, la linfa y otros fluidos del cuerpo. En los días calurosos o cuando tomas parte de ejercicios extenuantes, las glándulas sudoríparas quitan agua de tus tejidos para liberarla como sudor en la superficie del cuerpo, y a medida que se va evaporando lo va enfriando. De esta manera, la sudoración ayuda a mantener la homeostasis. El vapor de agua también se va perdiendo del cuerpo en cada respiración que exhalas y en la orina.
La sabiduría (el agua) es llamada “el punto [que está] presente uniformemente [en todo el cuerpo]”. Cada célula del cuerpo necesita agua, la fuente de la vida. El agua de manantial es llamada en la Toráh “aguas vivientes”. (Ver Génesis 26:19) Espiritualmente, la sabiduría es la fuente de la vida, como en el verso “la sabiduría da vida”, y así el estudio de la Toráh, que es la sabiduría Divina, está asociado con el agua. En las palabras de los sabios “el agua simboliza a la Toráh”. (Bava Kama 82a)
Los seres humanos necesitan beber por lo menos 1 litro de agua por día. Si no se toma suficiente cantidad para remplazar la que se elimina, se llega a la deshidratación. Esta condición produce problemas en los sistemas circulatorio, respiratorio y nervioso. Beber abundante agua pura es una de las mejores cosas que puedes hacer para mantener tu cuerpo sano.

Los Carbohidratos
Los carbohidratos simples y los complejos son la principal fuente de energía para el cuerpo. Los azúcares que encontramos en las frutas, la miel y el azúcar de caña son carbohidratos simples o monosacáridos y disacáridos. Los almidones que se hallan en los granos, los tubérculos y los vegetales son carbohidratos complejos o polisacáridos. Los las cadenas de azúcares de los almidones son rotas por el sistema digestivo en azúcares simples. Estas moléculas son absorbidas pasando a la corriente sanguínea, siendo luego transportadas a las células del cuerpo. Los azúcares que no se utilizan inmediatamente para aportar energía son convertidos en el carbohidrato complejo glucógeno, que es almacenado en el hígado y el músculo esquelético.
Muchos alimentos contienen celulosa, un carbohidrato complejo que a menudo es llamado fibra, Aunque el aparato digestivo humano no puede romper sus cadenas, es necesaria en la dieta. EL volumen que aporta ayuda a los músculos a mantener en movimiento a los alimentos y los deshechos dentro del aparato digestivo y el excretorio. Los alimentos tales como los panes de grano integral, el afrecho y muchas frutas y vegetales son ricos en fibra.
Como ya mencionamos, los cinco nutrientes aparte del agua corresponden al origen de las cinco energías emotivas inherentes al entendimiento:
  • el amor, 2) el temor y (3) la compasión, las tres energías emotivas primarias y
  • (4) la confianza y (5) la sinceridad, las dos energías emotivas secundarias.
El siguiente cuadro ilustra estas correspondencias:
temor
 
Amor
Proteínas
 
carbohidratos
 
 
 
 
Compasión
 
 
Grasas
 
 
 
 
Sinceridad
 
Confianza
minerales
 
Vitaminas
Los carbohidratos, conocidos comúnmente como azúcares (dulces), corresponden al origen de la energía emotiva del amor inherente en el entendimiento.
Hay dos clases de amor:
  • amor intelectual, que se despierta a través de la meditación intelectual en un objeto digno de ser amado y
  • amor natural , es innato y surge natural y espontáneamente sin necesidad de meditación.
Estos dos tipos de amor corresponden a los carbohidratos simples y a los complejos, amor natural e intelectual, respectivamente.

Las Grasas
Las grasas o lípidos son una parte importante de una dieta sana. Se forman a partir de los ácidos grasos y el colesterol. Tu cuerpo necesita ciertos ácidos grasos llamados “esenciales”, para construir las membranas de las células, las vainas de mielina y ciertas hormonas. Los ácidos grasos también ayudan al cuerpo a absorber vitaminas liposolubles. Cuando una persona come más de lo que es necesario, el cuerpo almacena la energía extra como grasa. Los depósitos de grasa protegen a los órganos y los aislan del cuerpo.
Las grasas se clasifican en base a la estructura de las cadenas de los ácidos grasos como saturados e insaturados. Cuando hay sólo uniones simples entre los átomos de carbono de los ácidos grasos, casa átomo de carbono tiene el máximo número de hidrógenos y las grasas son llamadas saturadas. La mayoría de las grasas son sólidas a temperatura ambiente, incluyendo la manteca y otras grasas animales.
Las grasas no saturadas tienen por lo menos una doble unión en la cadena del ácido graso. Son generalmente líquidas a temperatura ambiente. Muchos aceites vegetales contienen más de una unión doble y por eso son llamados poliinsaturados.
La gente consume a menudo más grasa de la que necesita realmente. La Asociación Americana del Corazón recomienda una dieta con un máximo de 30 por ciento de Calorías provenientes de las grasas, de las cuales sólo el 10 por ciento debe ser de grasas saturadas. Una dieta elevada en grasas tiene serias consecuencias, como un incremento del riesgo de presión sanguínea elevada, enfermedades cardíacas, obesidad y diabetes.
Corresponden a la fuente de la energía emotiva de la compasión o misericordia inherente al entendimiento. La compasión es llamada “el [torso del] cuerpo”, que puede ser grueso o esbelto. En hebreo, “grasa” ( shuman ) es análoga a “aceite” ( shemen ) y usualmente un cuerpo “obeso” ( shamen ) es una expresión para describir un cuerpo saludable, un cuerpo “bien aceitado”. Entonces el cuidado de la salud es como tener compasión de nuestro cuerpo.
De todas maneras es importante notar que una preocupación excesiva por la salud física, es decir, mucha compasión por el cuerpo se traduce en mucha “grasas”. Si la persona no es conciente de su verdadero propósito en la vida, puede llevar a una obsesiva “adicción por la salud” y tener un resultado opuesto a la buena salud!.
Las grasas saturadas son normalmente sólidas a temperatura ambiente mientras que las insaturadas son líquidas. En Cabaláh la “saturación” se relaciona con la presencia de la facultad de conocimiento dentro de la compasión , que se traduce en la práctica en un agudo sentido de conocimiento del objeto o la persona a quien se expresa compasión y de cómo expresarla. Cuanto más saturada, o sea cuanto más conocimiento hay en la compasión, más sólidos son nuestro sentimiento y la implementación de la compasión.
En Cabaláh hay un modelo que se relaciona con los cuatro elementos químicos básicos y las facultades emotivas, como vemos en el siguiente cuadro:
Temor
 
Amor
Carbono (C)
 
Hidrógeno (H)
 
 
 
 
Compasión
 
 
Oxígeno (O)
 
 
 
 
 
Humildad
 
 
Nitrógeno (N)
 
En Cabaláh, la facultad de conocimiento es el origen y lo que une al amor y el temor; gráficamente está situado encima y entre ellos. Utilizando este modelo podemos escribir también una idea equivalente: el conocimiento es lo que une al hidrógeno con los átomos de carbono.

Las Proteínas
Las proteínas tienen una amplia variedad de roles en el cuerpo. Aportan materia prima para el crecimiento y la reparación de estructuras tales como la piel y el músculo. También tienen funciones reguladoras y de transporte. Por ejemplo, la hormona insulina es una proteína que regula los niveles de azúcar en la sangre. La Hemoglobina, una proteína que se halla en la sangre y transporta el oxígeno.
Son polímeros de aminoácidos. El cuerpo humano es capaz de sintetizar 12 de los 20 que conforman las proteínas. Los otro 8, son llamados esenciales y deben ser obtenidos del alimento que comes. La carne, el pescado, el huevo y la leche contienen generalmente a todos ellos, pero no los derivados de las plantas, como los granos y porotos. Las personas que no comen productos animales deben comer una combinación de diferentes plantas, como porotos y arroz, para obtener todos los aminoácidos esenciales.
Las proteínas corresponden a la fuente de la energía emotiva del temor inherente al entendimiento. Es algo sorprendente que psicológica y espiritualmente el temor se manifiesta en la psiquis como poder. Esto se explica si comprendemos que el poder representa la fuerza necesaria con que cuenta la persona para enfrentarse a sus temores y sobreponerse al objeto de su temor. Esto se expresa materialmente en el cuerpo en la fuerza muscular, que proviene de las proteínas.
También tienen funciones reguladoras, como por ejemplo la insulina que es una proteína que regula el nivel de azúcar en la sangre. La Cabaláh nos enseña que el temor también tiene una función reguladora sobre el amor. Como vimos respecto a la excesiva compasión, demasiado amor o un amor no regulado puede tener resultados negativos.
Las proteínas son polímeros de los aminoácidos. En general, el equivalente espiritual y psicológico de los ácidos deriva de la energía emotiva del temor-poder en la psiquis humana.

Las Vitaminas
Si consideramos a los carbohidratos, las grasas y las proteínas como el combustible de un automóvil, entonces las vitaminas son la ignición. Son moléculas orgánicas que ayudan a regular los procesos del cuerpo, actuando a menudo como enzimas. La mayoría de las vitaminas son obtenidas de los alimentos. Sin embargo las bacterias que viven en el tracto digestivo son capaces de sintetizar vitamina K. La piel sintetiza vitamina D cuando está expuesta al sol. Una dieta carente de ciertas vitaminas puede tener serias y hasta fatales consecuencias.
Hay dos clases de vitaminas: liposolubles y hidrosolubles. Las primeras son la A, D, E y K y pueden ser almacenadas en los tejidos grasos del cuerpo, creando pequeños reservorios para uso fututo.
Las hidrosolubles incluyen las vitaminas C y las B, se disuelven en agua y no se retienen en el cuerpo, por lo que deben estar incluidas en los alimentos que se ingieren diariamente. Una dieta conteniendo una variedad de alimentos proveerá las necesidades diarias de vitaminas de casi todas las personas.
Los negocios de comestibles y las farmacias venden suplementos vitamínicos. Tomar grandes dosis extras de estos suplementos no beneficia al organismo y en algunos casos puede causar un daño real. Cantidades excesivas de las vitaminas liposolubles puede ser tóxico.
Las vitaminas corresponden al origen de la energía emotiva de la confianza inherente al entendimiento.
Son moléculas orgánicas, a diferencia de los minerales que son nutrientes inorgánicos, que como explicaremos más adelante, corresponden a la fuente de la energía emotiva de la sinceridad. En Cabaláh, la confianza y la sinceridad son descriptas como las dos caras de la moneda (La confianza es el aspecto interior de la sefiráh de victoria, mientras que la sinceridad es el de la sefiráh de reconocimiento. Estas dos sefirot son descriptas en el Zohar como las dos mitades de un cuerpo). Efectivamente, como la confianza y la sinceridad, sus contrapartidas psicológicas, las vitaminas y los minerales también trabajan juntos.
A continuación reuniremos los dos modelos que hemos estado discutiendo en un cuadro compuesto:
Entendimiento
 
Sabiduría
Otros nutrientes
 
Agua
 
 
 
Poder (temor)
 
Benevolencia (amor)
proteínas
 
Carbohidratos
 
 
 
 
Belleza (compasión)
 
 
Grasas
 
 
 
 
Reconocimiento (sinceridad)
 
Victoria (confianza)
minerales
 
Vitaminas
En este cuadro vemos claramente que las vitaminas (la sefiráh de victoria) están situadas en el extremo inferior del eje derecho, que comienza con el agua, pero siguiendo el orden normal de las sefirot , las vitaminas (victoria) vienen a continuación de las grasas (belleza). Por lo tanto se relacionan con ambas, el agua y las grasas. Esta es la fuente cabalística del hecho de que haya dos tipos de vitaminas, liposolubles y hidrosolubles.
Pero ahora vamos a ver una interpretación según el análisis cabalístico de estas dos clases de vitaminas. Psicológicamente, las liposolubles representan la confianza basada en la experiencia de la compasión. En otras palabras, un tipo de auto confianza es el producto de experimentar a Dios siempre cerca de mí, por Su misericordia hacia mí. Esta confianza en mí mismo está garantizada porque Dios está siempre ansioso por conferirnos el poder alcanzar nuestros objetivos en la vida.
En contraste, las vitaminas hidrosolubles representan la seguridad y confianza total en Dios, nuestro Padre en los Cielos (recordemos que el agua corresponde a la sabiduría, que también se conocida como el principio padre). El agua alimenta la confianza, aunque no en el sentido de autoestima.
Por cierto, aquí también el plano físico es un reflejo del espiritual/psicológico, porque una cantidad excesiva de vitaminas liposolubles, como la de una ostensible confianza en sí mismo, puede ser tóxico.

Los Minerales
Los nutrientes inorgánicos que el cuerpo necesita, usualmente en pequeñas cantidades, son llamados minerales. Algunos ejemplos de ellos son el calcio, el hierro y el magnesio. El calcio es un componente mayoritario de los huesos y dientes y el hierro se necesita para sintetizar hemoglobina. El calcio, el sodio y el potasio son necesarios para el funcionamiento normal de los nervios.
Aunque el organismo no metaboliza los minerales que ingiere, pierde muchos de ellos en la transpiración, la orina, etc. ¿Cómo se reponen estas importantes sustancias químicas? Muchos de estos elementos se encuentran en los tejidos vivos de las plantas y animales. Con una ingesta variada de alimentos se puede obtener los requerimientos diarios de minerales.
Los minerales corresponden a la fuente de la energía emotiva de la sinceridad inherente al entendimiento. Sinceridad implica simplicidad, que en nuestro contexto alude a los elementos químicos simples necesarios para que nuestro cuerpo funcione apropiadamente. Como mencionamos arriba, la confianza y la sinceridad actúan juntas como dos socios. En Cabaláh son descriptas como dos piernas, que para poder caminar depende una de la otra.
Uno de los ejemplos más importantes de un mineral necesario para que el cuerpo funcione es el hierro, necesario para sintetizar hemoglobina, la proteína transportadora de oxígeno en los glóbulos rojos sanguíneos. El fluido sanguíneo, que transporta oxígeno, el “aliento de vida”, a todas las células del cuerpo está simbolizado en Cabaláh por el caminar o viajar psicológico. Está controlado por el poder psicológico de la sinceridad.

La Nutrición y una Dieta Balanceada
No es una tarea sencilla calcular el balance de nutrients para una dieta humana, pero los nutricionistas han tratado de hacer exactamente eso. El resultado es la Pirámide Alimenticia que clasifica los alimentos en seis grupos. También indica cuántas porciones de cada grupo deben ingerirse cada día para mantener una dieta saludable. Los alimentos ricos en carbohidratos complejos son la base de la pirámide. En la cima de la pirámide están las grasas y los dulces, que deben ser utilizados con moderación. Algunos alimentos de otros grupos también contienen azúcares y grasas, por eso se los debe tener en cuenta cuando se los elige.
La idea básica detrás de la pirámide es lógica y simple: debe comer cada día alimentos variados y limitar la ingesta de los dulces y grasos.
Se deben utilizar las etiquetas para elegir los alimentos más saludables. Ellas nos brindan cierta información general acerca de la nutrición, enumerando los Valores Diarios y las Calorías por gramo de proteínas, carbohidratos y grasas. Los valores diarios le muestran cómo un determinado alimento se integra dentro de la dieta general. Hay que tomar en cuenta que los valores diarios están basados en una dieta de 2000 calorías.
Las necesidades nutricionales son afectadas por la edad, el género y el estilo de vida. Los adolescentes en rápido crecimiento y otros grupos de gente necesita más nutrientes que los valores diarios indicados.
Cuando se elija alimentos, utilice la información que encuentre en las etiquetas para compararlos con otros similares en cuanto a sus proporciones de nutrientes por Calorías. Cuando elija un alimento, debe ser de alto poder nutritivo y de bajas calorías.
Veamos ahora cómo se traducen las reglas básicas de una dieta saludable en guías para una sana vida espiritual. Co mo hemos visto, los alimentos ricos en carbohidratos complejos representan el amor inspirado intelectualmente (hacia Dios y la humanidad). Así como estas sustancias sirven de base a nuestra dieta física, esta clase de amor derivado del estudio profundo de la Toráh y la plegaria meditativa forma la base de una vida espiritual y religiosa saludable.
Deberíamos limitar la ingesta de los alimentos grasos y azucarados. De la misma manera, como se explicó, demasiado amor descontrolado (alimentos azucarados) o compasión (grasas) hacia uno mismo puede ser negativo para nuestro bienestar general.
Por supuesto, la energía liberada de los alimentos que ingerimos nos debería ayudar a ascender en nuestro servicio a Dios y a madurar nuestro carácter sólo si son kosher de acuerdo a las leyes de la Toráh. La comida no kosher nutre rasgos de carácter negativos, impidiéndonos servir a nuestro Creador con humildad y alegría.
Un cuerpo sano requiere un alma sana, son totalmente interdependientes. En hebreo, las iniciales de “cuerpo” ( guf ) y “alma” ( neshamáh ) forman la palabra “jardín” ( gan ). Una dieta kosher bien balanceada junto con una apropiada conciencia orientada hacia lo Divino, nos devuelve a ese estado puro e inalterado del Jardín del Edén, donde Dios nos colocó antes del pecado primordial de comer lo que Dios había prohibido. Así como la humanidad fue exiliada del estado edénico por haber elegido comer neciamente, nuestro retorno a ese estado ideal depende de nuestro impulso más básico que es comer.